NUESTRO TRABAJO PARA EL MES DE ABRIL
Los que trabajan en el mundo del arte, y entre ellos los músicos, los escritores, los poetas, intentan metaforizar el universo insinuando los
acontecimientos, las relaciones, los reencuentros y desencuentros lentamente.
Disfrutar las cosas bellas, producir
actos bellos, contemplarlos, nos llevan a comprobar que la ideas de belleza y
de justicia están vinculadas.
*Texto basado en
las ideas de Byul Chun Han, filósofo y sociólogo coreano residente en Alemania.
ACTIVIDAD Nº 1
Los invito a leer estos conceptos que
pueden sernos muy útiles. Les adelanto que, para quienes nos gusta escribir, es
como descubrir un tesoro.
CONSEJOS DE ORO PARA
ESCRIBIR
De LILIANA HEKER: cuentista, novelista y ensayista
argentina.
Considerada como una de las mejores escritoras
argentinas. Nació en Buenos Aires en 1943. Tiene 77 años y vive en San Telmo.
Su primer libro de cuentos: Los que
vieron la zarza-1966
Dice:
“Nadie le puede
enseñar a otro a escribir o a ser escritor. Cada escritor aprende su oficio. Lo
aprende de su propia experiencia, de sus propios errores, de los libros que
lee.”
Sin embargo es una de las pocas escritoras que da
buenos consejos a quien quiere escribir.
1. Las ganas de escribir vienen
escribiendo. Es inútil esperar el instante perfecto en que todos los problemas
han desaparecido y solo existe el deseo compulsivo de escribir: ese instante no
existe. En general, uno se sienta a escribir venciendo cierta resistencia
—salir del estado del estado de ocio no es natural—, uno oficia ciertos ritos
dilatorios, uno por fin, con cierta cautela, escribe. Y en algún momento uno
tal vez descubre que está sumergido hasta los pelos, que todos los problemas
han desaparecido, y que no existe otra cosa que el deseo compulsivo de escribir.
2. La primera versión de un texto es
solo un mal necesario. Suele estar bien lejos de aquello completo e intenso que
uno difusamente ha concebido. Corregir no es otra cosa que ir encontrando el
Moisés dentro del bloque de mármol.
3. En literatura no existen sinónimos
ni equivalencias: no es lo mismo un rostro que una cara, que una jeta. “Dijo
estaba harto” no equivale a —“Estoy harto—dijo”. Aferrarse a una frase o a una
palabra simplemente porque ha salido del alma, es por lo menos un riesgo: el
alma, a veces, dicta obviedades. En Filosofía de la composición, Edgar A. Poe cuenta que,
durante la escritura de su poema El cuervo, decidió que necesitaba un
animal parlante para que repitiera un leit
motiv al final de cada estrofa. Y
naturalmente el primer animal que se le cruzó fue el loro. A veces conviene
sacrificar al loro.
4. Ni la espontaneidad ni la velocidad
son valores en la literatura. Tantear, tachar, descubrir nuevas posibilidades,
equivocarse tantas veces como haga falta, ir acercándose, paso a paso, al texto
buscado, ese es el verdadero acto creador. Lo otro es como estornudar.
5. Cuando se escribe, no hay que tener miedo a los
sentimientos, pero tampoco hay que tenerle miedo a la lucidez. Uno tiene tan
pocas cualidades que no veo razón para que se despoje de alguna de ellas para
hacer literatura.
6. La realidad proporciona buenas
situaciones pero no construye obras artísticas. Tajear un hecho,
distorsionarlo, cambiarle o anularle alguna pieza, son atribuciones que un autor
de ficciones puede tomarse sin ninguna culpa. No es al acontecimiento real al
que debe serle fiel sino a la luz
secreta que él descubrió en ese acontecimiento y lo tentó a escribir.
7. No hay que empezar un cuento si no
se sabe cómo va a terminar. Se corre el riesgo de ir de acá para allá, sin ton
ni son, esperando que el final caiga del cielo. Los buenos finales no suelen
tener un origen celestial: aunque no se lo note, vienen mandados desde la
primera frase.
8. Una novela requiere una escritura y
una estructura rigurosas como la de un cuento. Si tiene páginas grises, esos
grises deben estar cargados de tensión como lo están en el Guernica de Picasso.
Si no, son meramente un plomo.
9. La inspiración no existe; en eso se
parece a las brujas. Entonces, cuando las palabras parecen cantarle a uno a la
oreja, y siente que todo lo que está escribiendo tiene la música justa, el
ritmo exacto, la tensión precisa que debe tener, uno puede llamar a ese estado
de privilegio como más le guste, pero lo mejor es que suelte el freno y deje
rodar la locura. Es hermoso, solo que no hay que creer que es el único estado
en que se hace literatura. Porque se corre el riesgo de no escribir más que una
página en toda la vida.
10. Hay que nutrirse de los credos y hay
que aprender a dudar de ellos. No existen reglas universales para el oficio de
escribir. Es uno mismo que a la larga, con verdades y mentiras propias y
ajenas, va estableciendo sus propios ritos, va permitiéndose sus propias
manías, va construyendo su propio credo.-
ACTIVIDAD Nº2
Trabajemos intentando construir historias o poemas, a partir de estas frases extraídas
de un poema de Juan Carlos Bustriazo Ortiz
(1929-2010. La Pampa)
Se puede emplear
una o todas las que desees.
Puede venir…
Déjame ser una…
Brillando en el cielo…
Con sus rasgos…
ACTIVIDAD Nº3 -VERSOS PAREADOS
Les transcribo algunos ejemplos, ustedes pueden
buscar más.
Jorge Guillén:
Huele a mundo
verdadero
la flor azul del
romero.
Francisco de Quevedo:
Los ojos tengo en
llanto noche y día,
y en fuego el
corazón y el alma mía.
Rubén Darío:
Cada hoja de cada
árbol canta un propio cantar
y hay un alma en
cada una de las gotas del mar.
Verso pareado: La rima entre estos dos versos crea un ambiente musical
característico en la poesía y siempre agradable a aquel que lo escucha. El
pareado puede tener una rima asonante o consonante así como puede componerse en
arte mayor o menor.
De arte mayor: es un pareado
culto (AA), de rima consonante y con versos de 9, 11 o 14 sílabas.
De arte menor: (aa), de rima
consonante y con versos de 8 sílabas.
Podemos inventar pareados de:
Amor,
divertidos,
para niños,
de costumbres, etc.
Probemos escribiendo por lo menos tres.
Espero sus trabajos en el mail: lanuevatintacalera@gmail.com
Entre los más interesantes y significativos, elegiremos algunos para publicar en la
Revista Literaria Nº3.
¡Nos encontramos el mes próximo!

